Header IDHIE
Más boletines...
Header Ibero  
Olintla sede del encuentro de MAPDER
« Regresar al boletín
 

Movimiento de afectados por las represas y en defensa de los ríos
Juan Castro Soto
Boletín Kgonsi


En Olintla, pueblo totonaca que expulsó a Grupo México.

Del 29 al 31 de agosto, se reunieron en Olintla, Puebla, alrededor de mil representantes de distintas organizaciones opositoras a los proyectos mineros e hidroeléctricos en México y América Latina; incluso, varios países de Europa se vieron representados en este 11º Encuentro Nacional, convocado por el Movimiento de Afectados por las Represas y en Defensa de los Ríos (MAPDER) y organizado por diversas organizaciones civiles en el estado de Puebla.

Olintla es un lugar emblemático. Aquí, una pequeña comunidad totonaca, menospreciada por el poder, expulsó de sus tierras al gigante “Grupo México”, empresa que pretende construir una presa hidroeléctrica para vender energía privada y agua a proyectos mineros, así como a la explotación petrolera que utiliza la técnica del “fracking”  prohibida en países del “primer mundo” porque hace estallar las entrañas de la tierra, contaminando el subsuelo con sustancias tóxicas que afectan también la superficie de la tierra y la vida comunitaria.

Olintla expulsó a este gigante sin derramar una sola gota de sangre. Bastó la organización de la gente y su disposición a ofrecer la vida en defensa de su territorio, sin importar lo que digan las leyes de los diputados. Así que todas las organizaciones de afectados vinieron a apoyar esta resistencia, para que dicha empresa no se atreva a regresar con la ley energética en una mano y la Gendarmería Nacional en la otra –pues ésta fuerza pública de represión fue creada por el presidente Enrique Peña Nieto precisamente para defender de los mexicanos las explotaciones industriales extranjeras.

Enclavados en la sierra norte de Puebla, bajo una gran carpa que atravesaba la calle, las organizaciones reiteraron su rechazo a todos los partidos políticos y analizaron la situación nacional de los megaproyectos, donde cada vez más gente se une para frenarlos.

Si bien hay quienes todavía plantean soluciones legales confiando en las instituciones del mal gobierno, cada vez van surgiendo más voces llamando a pasar de la resistencia a la ofensiva, y la oposición a los partidos políticos es ya casi total. “Hay que quitarles las riendas del país, pues nos están conduciendo a una catástrofe civilizatoria”, se decía.

Esta Red Unidos por los Derechos Humanos (RUDH), también participó en defensa del agua del río Ajajalpan, que río abajo riega los municipios veracruzanos de Filomeno Mata, Mecatlán, Coyutla, Espinal, Papantla, Gutiérrez Zamora, alimentando al río Tecolutla.

“No queremos una tragedia como la de Sonora para la región del Totonacapan, donde miles de familias vi-ven de ese río, así como miles de especies de flora y fauna”, dijo Héctor Colío, en entrevista. Y porque “si bien se detuvo la construcción del embalse, del lado veracruzano se sigue construyendo la red de distribución de energía, lo que significa que piensan regresar”, agregó Oscar Espino, coordinador de la RUDH.

El encuentro fue magnífico, como ninguno en la historia de este pueblo, por la calidad de lo que ahí se dijo, la participación ciudadana y la excelente organización, aderezado con la cálida hospitalidad de los anfitriones que agasajaban a los visitantes con café, tamales, enchiladas, frutas… Cuando, de repente, la noche del sábado irrumpió colosal aguacero, furioso, decidido a terminar con el encuentro.

Mas la gente no se acobardó bajo la lluvia y, entre semejante torrente de agua, un violín estalló como una bomba acaparando todos los oídos, seguido de guitarras y otros instrumentos que zumbaban a todo lo que daban, estirando las cuerdas al máximo y a punto de reventar.

Eran los Hermanos Solís, de Coxquihui, Veracruz, que asaltaban el escenario con alegre música de Huapango, haciendo del aguacero una orquesta sinfónica que armonizaba con sus dinámicos arreglos musicales, en sonidos multicolores, arpegios altos y bajos que inundaban el firmamento y retumbaban en todas las casas de Olintla. Era imposible mantener los pies quietos ante esa música llena de vida y energía, y hasta el violinista daba vueltas y vueltas zapateando como un loco, poseído, electrocutado por su propio violín.

Así que comenzó el baile con multitudinario fandango, prolongándose aquel zapateado por varias horas entre el agua que bajaba a chorros por la pendiente de la calle. Qué importaba, era la celebración de la vida ante los proyectos de muerte.

Aquello era todo un espectáculo, donde no podía faltar la canción “El Querreque”, tan popular en la Huasteca totonaca, con aquel cabrón violinista que volteaba al cielo como buscando un retador. Ahí te va ésta, parecía decir: http://www.youtube.com/watch?v=CZdVQvAhzcY .

Embelesados por la música, la alegría inundaba Olintla, sin necesidad de una sola gota de alcohol. Y el evento imponía tal respeto que las autoridades no se atrevieron a cortar la energía eléctrica como sucede en este tipo de encuentros dignos.

Sólo hubo alguien que no se aguantó el coraje y, mientras todos se alegraban en el evento, quemó cobardemente la leña que almacenaba un compañero en la comunidad contigua de Ignacio Zaragoza –donde los pobladores detuvieron la maquinaria de Grupo México–. Desde luego, esa leña enardeció más el fuego de esta lucha por la dignidad de los pueblos.

Al día siguiente, un participante hizo ver que esta alegría había que mantenerla, porque “cuando el pueblo está triste, los de arriba se ponen contentos; y cuando el pueblo está contento, los de arriba se entristecen. ¡Así que démosle rienda suelta a la alegría, compañeros!”.

Y ese domingo las organizaciones hicieron una pequeña feria donde expusieron lo que ha-cen, como son artesanías y otros productos naturales. La RUDH pre-sentó algunos productos del Mercado Alternativo Túmin y más de uno aceptó esta moneda autónoma como true-que. También hubo una marcha por las calles del pueblo para concluir el evento.

Pero en la cúspide de todo estuvieron los niños cantores de la comunidad de Bibiano Hernández, de este municipio de Olintla. No cantaron el Ave María ni Los Tres Cochinitos. Su primer canto, “Canción del Poder Popular”, decía más o menos así: “Por-que esta vez no se trata, de cambiar un presidente, será el pueblo quien construya, un México diferente”, ante un público que, atónito, escuchaba: http://www.youtube.com/watch?v=fVnzJgZegeE .

Y no conformes, estos niños alza-ron de nuevo sus papeles y cantaron “Venceremos”, canción chilena, em-blemática de la lucha latinoamerica-na, lo cual llenó de júbilo a todos los asistentes: “Traicionar a la patria jamás”, cantaban los niños. Escúchala: http://www.youtube.com/watch?v=vH15sGfZzHw .

Era el éxtasis total, mientras Mi-guel nos decía orgulloso, “aquí están nuestras semillas”. Y cuando todos pensaban que se había llegado a lo más alto, aquellos niños dejaron sus papeles, alzaron la frente y al ritmo del tambor entonaron: “El pueblo, unido, jamás será vencido”, acompañados por el canto de toda la asamblea ahí presente. Un nuevo México se estaba anunciando desde un re-moto lugar de la sierra totonaca. Escúchala: http://www.youtube.com/watch?v=PhpSwSBbdxM.