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Derechos humanos, prostitución y trata de personas
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Dr. Martín Juárez Guevara
Responsable del Programa de Trata y Tráfico de personas del IDHIE

En puebla existe una serie de prácticas sexuales muy disímbolas, sin embargo prevalece el estereotipo de la mujer en la calle, los hoteles o moteles que sirven como guarida o refugio, la actividad del  lenocinio, el alcohol y las drogas que combinan con la diversión nocturna. Para algunas mujeres la prostitución es la única fuente de ingresos, para otras es su mayor fuente de ingresos y para otras más es una actividad que las esclaviza y las somete a un terror cotidiano. En otras palabras, existe un mercado del sexo; los servicios sexuales se han diversificado, los mensajes sexuales se han masificado y con ello toda la cultura y la tecnología del sexo se transforman. Tras este telón de fondo las redes criminales han logrado establecer sus patrones de comercialización de mujeres y niñas captadas de muy diversas maneras y  mantienen a muchas de ellas forzadas al ejercicio de la prostitución. No todo en el contexto de la prostitución es trata, pero la trata siempre pasa por los contextos de explotación sexual.

Los operativos que ha llevado a cabo la PGJ de Puebla para aplicar la ley de trata en el Estado  desde principios del mes de marzo del año en curso, han despertado varias voces que apelan a re-considerar a la prostitución como un trabajo y demandan la apertura de hoteles y bares que fueron clausurados por las autoridades y el establecimiento de una “zona roja” que permita la regulación de la actividad del sexoservicio. Para muchas de estas mujeres en Puebla no hay trata, aunque algunos activistas señalan en los medios periodísticos la existencia de 107 sitios de tráfico y explotación de mujeres de entre 13 y 16 años en diversos municipios del estado y particularmente en Puebla, en donde se considera que las zonas más afectadas por este fenómeno son Centro de Puebla, Las Cuartillas, Colonia Maestro Federal y Rivero Anaya.

Mientras esto sucede en Puebla, la Revista Nexos de septiembre del 2014 sacó un dossier sobre el trabajo sexual y el artículo de Marta Lamas somete a debate la consideración de abolir el comercio sexual como excusa para combatir la trata de personas. Ella cuestiona el concepto prostitución que se utiliza de una forma denigratoria para adoptar el concepto de comercio sexual que da cuenta de un proceso de compra- venta que incluye también al cliente. Esta posición contractualista establece que una mujer en el ámbito del comercio sexual no se vende a sí misma o incluso no vende sus partes sexuales, sino que contrata el uso de sus servicios sexuales a cambio de dinero. Se establece además que no hay diferencia entre una mujer que comercializa su sexo  y cualquier otro trabajador o vendedor de servicios, sin embargo, la mujer que vende servicios sexuales, por este simple hecho, asume el escrutinio social que la excluye mientras que el cliente queda exonerado de todo juicio.

Algunas otras voces surgidas en el trabajo de campo en el Distrito federal con mujeres poblanas en situación de prostitución nos permiten entrever otras situaciones, dicen: “(…) si hubiera sido posible escoger yo jamás hubiera escogido ser sexoservidoras”. En este sentido, una gran cantidad de mujeres que actualmente participa voluntariamente en el comercio sexual debieron perder, en primera instancia, el derecho a elegir la actividad que querían desempeñar para ganarse la vida. Algunas de ellas definían claramente lo que era trabajar, sin embargo había una  presión social enorme que las obligaba a ejercer el sexoservicio: “(…) a mí, mi esposo me convenció de que tener sexo con otros hombres era un trabajo. Yo siempre trabajé, fui comerciante y nunca pensé que eso fuera un trabajo”.

Para muchas personas la prostitución es un trabajo, que se reserva para mujeres que se han visto vulnerables y al margen de la sociedad.  Tienen que vender sus servicios sexuales porque no han tenido oportunidad de educarse, obtener un buen empleo o el desarrollo de su vida familiar “normal”; son personas que han sufrido violaciones, pobreza extrema, hambre y un sin número de vejaciones. El sexoservicio podría tal vez ser considerado un “trabajo tóxico”, una condición extrema de sobrevivencia, todo depende de cómo lo estemos mirando.

En síntesis, no es posible negar la existencia de un mercado sexual y su desarrollo, tampoco es posible olvidarnos de que hay muchos intereses vinculados al tema de lo sexual y que este mercado habitualmente se alimenta de personas en situación de vulnerabilidad y pobreza extrema. Por ello al momento en que se busca regular el contexto de la actividad sexual se acepta también que las redes de traficantes de mujeres y niñas continúen con su negocio, aceptar la regulación  es aceptar la existencia dentro del comercio sexual de  mercados tóxicos como el de la trata. 

Si lo miramos desde la perspectiva de derechos humanos ninguna mujer debería someterse a la violencia que los hombres y el sistema patriarcal han establecido y reproducido con la práctica de la prostitución. El Estado ha fallado al no garantizar los derechos de las mujeres a vivir con seguridad; con trabajo, con libertad, con educación y dignidad. Si pensamos que cuando el Estado falla al omitir nuestros derechos humanos debemos generar mecanismos que mitiguen  los efectos negativos de esta omisión o falta de actuación del Estado, entonces asumimos que puede haber “derechos de primera” y  “derechos  suplementarios” y por lo tanto, ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. En el caso de la prostitución el Estado falla al no permitir a las mujeres integrarse a la vida social y económica de forma digna, con lo cual aparece el reglamentarismo, es decir una serie de medidas que suponen derechos y asistencias que llevan a las mujeres a un círculo vicioso en donde la prostitución se convierte en un estilo de vida.

Las zonas rojas son sitios donde se regula la actividad sexual y donde se provee a las mujeres y sus clientes una supuesta salud y seguridad para el ejercicio de la actividad sexual. No obstante, tal como ha sucedido en el valle de Orizaba en Veracruz la presencia de estas zonas rojas ha despertado un rotundo rechazo por parte de los grupos sociales porque este sitio se ha convertido  en espacio de reclutamiento y distribución  de sexoservidoras para distintos centros de prostitución del país, en otras palabras, la zona de tolerancia conforme pasa el tiempo se deteriora y se convierte en un sitio de violencia y explotación que dejan al contexto local estigmatizado sin la posibilidad de recuperarlo rápidamente.


El sol de Puebla, 30 de mayo del 2014.

Periódico Central, número Especial, 13 de enero del 2014

El Sol de Puebla, 30 de mayo del 2014

“¿prostitución, trata o trabajo?, En Nexos, Expediente, Septiembre 2014. PP. 55-62

Lamas, 2014:55

Tal como lo utiliza Pateman (1995)

Pateman, Carole (1995) El contrato Social. Pensamiento Crítico/pensamiento utópico 87. Anthropos, Barcelona.

Testimonio de Mónica en celebración de los 25 años del CMA. 2014

Entrevista con PRO, Agosto 2014

Sol de Orizaba, 18 de febrero del 2014

Wacquant Loic (2001) las cárceles de la miseria.