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Saldos y obligaciones de la Minera San Xavier
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Sábado 29 de marzo de 2014
Miguel Concha
Opinión

La empresa minera canadiense New Gold, que en México aparece como Minera San Xavier (MSX), se ubica en el municipio de Cerro de San Pedro, a escasos 14 kilómetros del centro de la ciudad de San Luis Potosí (SLP). La MSX cumple siete años de trabajos continuos, pues por la lucha que entabló la oposición social y los impedimentos legales interpuestos con éxito principalmente por la organización Pro San Luis Ecológico, no pudo trabajar de 1996 a 2006.

Ello no obstante, mediante una decisión política, Vicente Fox y el entonces gobernador de SLP, Marcelo de los Santos Fraga, otorgaron permisos espurios y atacaron a la oposición con presiones delincuenciales, imponiendo así que la MSX iniciara trabajos plenamente en 2007. Desde entonces, y hasta la fecha, sigue utilizando 25 toneladas diarias de explosivos para derrumbar enormes pedazos de cerro, y usa 16 toneladas diarias de cianuro para separar el oro, la plata y otros minerales de las tierras dinamitadas.

Este proceso lo realiza en patios de lixiviación que tienen una extensión de 100 hectáreas. Según afirman los opositores y algunos de sus ex trabajadores, el cianuro se derrama y contamina letalmente los mantos freáticos de los que viven más de un millón 200 mil pobladores de la ciudad de SLP. A pesar de ello, la minera sigue utilizando cuando menos 32 millones diarios de litros de agua potable de los mantos freáticos del valle de San Luis.

Es un crimen. Se trata de una región con fuerte estrés hídrico y una zona de veda rígida desde la década de los 60 del siglo pasado, según la Comisión Nacional del Agua (Conagua). Además de una serie de fincas del siglo XVII y XVIII, la MSX ya desapareció el Cerro de San Pedro, emblema de la ciudad y el estado de SLP, propiciando con ello un daño tangible al patrimonio de los mexicanos. Pero aparte de destruirlo, arrasa con otros más. Por un lado, deja a cambio una enorme montaña cianurada que ocupa cerca de 100 hectáreas, con una altura de más de 50 metros, y por otro, varias montañas de jales mineros.

Estos jales a su vez liberan toneladas de sulfuros, que en combinación con la lluvia producen drenes ácidos que a su paso matan toda vida orgánica y llegan a los mantos freáticos. Al dinamitar montañas y cerros se liberan también metales pesados en cantidades considerables: arsénico, plomo, cadmio, etcétera, que migran y se dirigen inevitablemente a la ciudad de SLP. Igualmente, polvos, gases y vapores de ácido cianhídrico, que son el pan de cada día de los potosinos del valle del Tangamanga.

La MSX ha denudado y matado toda vida en más de mil hectáreas y sus efectos se multiplican diariamente. Ha desaparecido la fauna de la región, mientras la flora propia del desierto está dañada por polvos, gases, vapores y metales pesados en muchos kilómetros a la redonda. Sin embargo, en los siete años que ha trabajado, no ha generado bienestar para la población de las comunidades vecinas, ni para la muy cercana ciudad de SLP.

Datos de la minera hasta ahora revelados nos dicen que sólo genera 246 empleos y que muy pocos de los que ahí trabajan son de la región. De hecho, las comunidades viven peor que antes de la llegada de esta empresa altamente contaminante. Por si fuera poco, en la región cercana a la mina se han presentado diversas enfermedades que antes no se padecían: han muerto personas por problemas hepáticos en una proporción desmedida. Se han incrementado además los problemas pulmonares y de diabetes, entre otros males.

Hoy, la MSX avisa que cierra la planta e informa que al inicio de 2016 comienza la etapa de cierre del proyecto. El anuncio no obstante no está en la lógica de otros hechos que realiza, pues solicitó a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales ampliaciones al proyecto –nunca legalmente aprobado–, que supuestamente no ha desarrollado. De forma sistemática, ha comprado además propiedades en la cabecera municipal de Cerro de San Pedro y ha venido practicando una política de hostigamiento contra los pobladores, para provocar que abandonen el pueblo. Todo indicaría entonces que espera demoler el lugar, para poder sacar los cuantiosos minerales que están debajo del territorio.

Existe también la posibilidad de que considere que es tiempo de irse, porque le puede explotar en la cara la contaminación con cianuro de los mantos freáticos del valle de SLP, como confirma un estudio de Conagua que fue dado a conocer hace unos meses por el Congreso del estado de SLP. Y como sugiere el estudio del pozo de Ciro Mata, en la zona de influencia de la minera, que, dada su contaminación con cianuro, fue recientemente dejado de utilizar por la empresa que lo explotaba. O porque después de 400 años de trabajos mineros, el subsuelo en el que se asienta el mágico pueblo de Cerro de San Pedro está sembrado de túneles. Y si a esto agregamos los siete años de utilización de 25 toneladas diarias de explosivos, el pueblo se puede colapsar.

Cabe la posibilidad también de que la MSX anuncie su retiro para distraer la oposición a su proyecto, y así frenar las demandas legales en su contra. Más ahora que Pro San Luis Ecológico y destacados investigadores de la Universidad Autónoma de SLP están recurriendo a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. El daño causado por la Minera San Xavier es irreversible. Y por ello, en el caso de cierre, ésta debe asegurar la estabilidad del pueblo y del tajo, la reforestación del área dañada, la apertura de los arroyos tapados por los desechos mineros y la neutralización y retiro de todos los tóxicos utilizados en el proceso minero, entre ellos el cianuro.

Debe establecer además las medidas para evitar la dispersión de metales pesados, eliminar éstos y el cianuro que contaminan los pozos, así como asegurar que no persista la filtración en los siguientes años. Es su obligación igualmente respetar los derechos laborales de los trabajadores e indemnizar a los habitantes de los pueblos y comunidades por dejar su territorio inservible para cualquier otra actividad productiva. La MSX debe cerrar ya y no dentro de año y medio, pero no debe irse. Antes bien, tiene muchísimo trabajo, que va a durar varios lustros, para poder mitigar la enorme destrucción que ha generado.

Consulta el artículo en La Jornada