Derechos Humanos / Anuario 2015

122 DERECHOS HUMANOS ANUARIO 2015 Así, la autora señala que la violencia interviene como instrumento disciplinador en esta relación de trabajo en la que no existe el poder disciplinador de un salario; cuando todo lo que la mujer obtiene a cambio de su trabajo en virtud del contrato ma- trimonial, no basta para garantizarle una determi- nada cantidad y calidad de trabajo, entendiendo el trabajo doméstico en su acepción compleja de tra- bajo de reproducción junto con tareas materiales e inmateriales, siendo éste el que sostiene al mundo, pero también, el que ahoga y limita a la mujer. Es cierto que se han ido extendiendo iniciativas dirigidas a ofrecer, por lo menos, puntos de refe- rencia de una primera ayuda a mujeres afectadas por la violencia, y que poco a poco se desarrollan actividades de sensibilización y formación en estos temas. Sin embargo, como apunta Dalla (2009), se han multiplicado formas de violencia contra la mu- jer aún más feroces, con torturas y resultados mor- tales, con frecuencia ejercidas en tropel, por parte de grupos de hombres. La importancia de hacer visible esta problemá- tica en el ámbito escolar y de provocar cuestiona- mientos hacia las dinámicas que se generan en éste diariamente, radica en reconocer que dicho espacio ocupa un lugar relevante en la configura- ción de identidades personales y, a su vez, opera como elemento constituyente de las identidades de género. Por consiguiente, es necesario tomar en cuenta los aspectos heredados por las instituciones forma- doras, como la escuela y la familia y las elecciones que toman las propias mujeres; que constituyen su identidad real, vivida o elegida, las cuales, según Guadarrama (2007), ponen de manifiesto las rela- ciones recíprocas entre los significados atribuidos por las mujeres a sus acciones y los condicionan- tes estructurales de los contextos sociohistóricos en los que viven y trabajan. Las cifras sobre feminicidios hablan por sí so- las: 66 mil mujeres han muerto por el hecho de ser mujeres ( Femicide a global problem , 2011). La muerte –el asesinato– de una sola mujer justifica- ría por sí misma el cuestionamiento que debe ha- cerse una sociedad sobre su forma de existencia. Lamentablemente y pese al número de asesinatos codificados con esta categoría, los feminicidios se suman a una larga lista de razones por las que las mujeres mueren día a día en nuestro país. Un si- lencio doloroso para todos: en primer lugar para las propias mujeres que han perdido la vida como último paso de un sufrimiento sostenido en una re- lación con carencias y violencia; en segundo lugar para sus familias, que muchas veces sufren de una doble victimización (Morillas, 2011) y, por último, para todos aquellos que seguimos viviendo en un sistema que tolera y es ambiguo en sus respuestas a esta problemática. Los feminicidios constituyen un problema de salud pública por dos razones: la prevalencia del hecho en sí mismo y el planteamiento que con ellos se abre: ¿qué razones estructurales existen en nuestra sociedad para que sucedan? Si la pre- gunta se responde adjudicando a los victimarios características patológicas de personalidad o tras- tornos psiquiátricos, entonces podemos terminar este artículo animando a nuestros gobiernos a la construcción de cárceles y hospitales psiquiátri- cos que puedan contener a los miles de hombres que cometen este delito. Si nuestra respuesta es más amplia y se nutre de un análisis estructural de nuestra sociedad, entonces nos encontramos con una interpelación a nuestro estilo de vida y a la manera en que nos relacionamos entre hombres y mujeres. El individuo enfermo y culpable Desde la psicología existen distintos abordajes para la violencia de género que dependen, en gran medida, de la formación y la experiencia del profe- sional. Por un lado existe la tradición individualista que busca identificar la patología como aislada en el individuo. La enfermedad mental (o la presencia de sus síntomas) justifica un acto violento ejercido contra otra persona. Estos trastornos, reconocidos como tales en el Manual Diagnóstico y Estadísti- co de Trastornos Mentales ( dsm - v ) publicado en 2103, incluyen elementos de patología que darían explicación –sustento– a la conducta de agresión y asesinato de una mujer por parte de un hombre enfermo. En nuestro país, el dsm - v 7 es una herra- mienta diagnóstica que se enseña a los estudian- tes de psicología como base de la psicopatología. 7 El dsm - v es el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastor- nos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría ( apa ), contiene descripciones y criterios para generar diagnósticos precisos de los transtornos mentales. Es una herramienta que debe ser acompañada de un juicio clínico y criterios éticos.

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