Derechos Humanos / Anuario 2015

DERECHOS HUMANOS ANUARIO 2015 121 a consumidora. Por esta descripción se afirma que la búsqueda de trabajo para la mujer no implica incrementar su papel, sino evitar el devenir totalmente marginal (Sullerot, 1970). Es importante aclarar que cuando la mujer tenía parte activa de la economía en casa, no necesariamente fue estimada como trabaja- dora. Se la consideró indispensable, sobre todo en las etapas en las que el hombre estuvo ocupado por la guerra. Sin embargo, nunca ha sido socialmente honrada como “productora”: En todas las épocas vemos a la mujeres sustraerse al reconocimiento de la sociedad por su actividad y sobre todo escapar a la construcción misma de dicha sociedad. Ellas trabajan época tras época, se fatigan, producen, pero nunca reciben una verdadera consagración social por sus activida- des. Su trabajo no les confiere, ni derecho de ciudad ni riquezas –sino todo lo contrario– ni, sobre todo, independencia (Sullerot; 1970: 22). Construir autonomía para la mujer en cualquier región del mundo, según Dalla (2009) implica reapropiarse de su propio cuerpo, el cual ha sido lugar de puesta en juego de la relación entre sexos . La autora plantea el sufrimiento y la impotencia como los grandes pro- blemas que las mujeres han vivido a lo largo de la his- toria, ya sea la impotencia de “la falta de dinero que imposibilita cualquier elección, como huir de parejas violentas o padres violentos, así como la impotencia que genera el desconocimiento de la sexualidad, mo- tivo de fracasos matrimoniales y, a su vez, del some- timiento a conductas masculinas desconocedoras de la sexualidad femenina”. Con respecto a la sexualidad y la capacidad procreadora, la au- tora menciona la recuperación del propio cuerpo de la mujer. Es de- cir, la conquista de la autonomía respecto a las figuras de maridos, padres, médicos, jueces y jerarquías eclesiásticas implicó para ellas rebelarse en diferentes planos y construir sobre el cuerpo un conoci- miento que antes no tenían. Al respecto, plantea cuestionamientos como: “¿Por qué este do- minio, este control ajeno, sobre el cuerpo de la mujer y su imposibi- lidad o, por lo menos, dificultad para disponer de él? ¿Por qué tanta inercia de las instituciones, a pesar de que en algunos lugares la actividad del Movimiento hiciera iniciativas que de algún modo se enfrentaban a esta inercia?”, a los cuales responde a partir de definir el modelo de mujer que conviene al capitalismo: mujer aislada, se- xualmente reprimida, sometida a la autoridad del marido, hacedora de niños, privada de la autonomía económica, así como de saber y poder de decisión con respecto a la sexualidad y a la procreación. En un contexto social en el que la dimensión neoliberal reduce a mercancía la vida humana y el cuerpo físico y social que la contiene, la sexualidad de la mujer sigue siendo una mercancía que, habiendo salido de un pasado reciente de escasa o nula consideración como derecho de su persona, es posible robar tranquilamente (Dalla, 2009) Es importante aclarar que cuando la mujer tenía parte activa de la economía en casa, no necesariamente fue estimada como tra- bajadora. Se la consideró indispensable, sobre todo en las etapas en las que el hom- bre estuvo ocupado por la guerra. Sin em- bargo, nunca ha sido socialmente honrada como “productora”.

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