Derechos Humanos / Anuario 2015
124 DERECHOS HUMANOS ANUARIO 2015 Esta postura sigue manteniendo la premisa de buscar la explicación del feminicidio en la persona, en el individuo. autocontrol, la facilidad para explotar, mostrarse agresivo y el exceso en el tiempo de volver a la normalidad (recuperar el control). También se incluyen las discusiones con la autoridad y la dificultad para seguir estándares sociales. Estos comportamientos se presentan con más fre- cuencia dentro de la familia, hacia cuyos miembros se dirige la agresión. • Trastorno de la conducta . Existe un patrón repetido de violación de los derechos de los demás. Puede manifestarse en amenazas, intimidación, golpes o violencia física especialmente con armas que pueden causar daño grave o la muerte. • Intoxicación por sustancias . Está considerado un trastorno mental y se tipifica en los síntomas que se generan por el consumo de una sustancia específica (puede ser una droga como el alcohol u otra). Se justifican los cambios en el comportamiento, cambios en la afectivi- dad y debilidad en el uso del raciocinio debido al efecto en el sistema nervioso de la sustancia ingerida. Es un trastorno mental debido a la dificultad de la persona de controlar la ingesta (sea en periodicidad o volumen). La agresión y la falta de control de impulsos se presentan como una conducta habitual en el caso de ciertas sustancias y puede generar violencia física. En la misma lógica de pensamiento encontramos que un hombre que presenta conductas de agresión y falta de control de impulsos, tal vez acostumbrado desde joven a la violencia como medio usual para re- solver los problemas (Lewis, 1997), puede encontrar a una mujer que presente características (síntomas) patológicas que la hagan exponerse más a sufrir una agresión. Esta postura sigue manteniendo la premisa de buscar la explicación del feminicidio en la persona, en el individuo. El trastorno que una mujer podría pre- sentar y la haría victimizable es la Personalidad Borderline . En este trastorno de personalidad hablamos de una mujer con patrones de inestabilidad, problemas de autoestima, emociones marcadas por la impulsividad que intenta evitar ser abandonada y está dispuesta a hacer todo para no sentir esta sensación (sea real o imaginaria la si- tuación que la origine); y relaciones afectivas marcadas por dualidad de sentimientos que oscilan entre la desvalorización y el engrandeci- miento del otro, todo ello en un contexto de confusión e inestabilidad sobre la propia identidad que persiste en el tiempo. También existe dificultad para controlar la agresión (puede atacar a su pareja y po- nerse en peligro de ser contraatacada, por ejemplo). Hijos sanos de una sociedad enferma La segunda aproximación a esta realidad que puede darse desde la psicología, pasa por el análisis de una sociedad que tolera y, según algunos autores como Chomsky (2010), incluso permite o no limita este tipo de conductas. Para esto es necesario entender al- gunos conceptos básicos que nos sitúen en un análisis estructural.
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