Derechos Humanos / Anuario 2015

126 DERECHOS HUMANOS ANUARIO 2015 Siguiendo la línea de argumentación que entiende este fenómeno como un resultado estructural y no como una situación individual que puede o no impli- car patología, desde la psicología encontramos pocas explicaciones que fundamenten una socie- dad enferma que produce hijos sanos violentos ha- cia sus parejas. Es llamativo el hecho de que en la revisión documental realizada como parte de este artículo se hayan encontrado pocos argumentos desde la psicología, que se distingan de la visión del individuo patológico que comete un crimen por razones meramente personales. Rosembaum y O´Leary, en 1981, proponen que la violencia en la pareja que puede devenir en un feminicidio se provoca por las relaciones estresan- tes dentro de ella. Según estos autores es la so- ciedad la que, con su dinámica y múltiples exigen- cias, genera una asimetría que, debido al contexto patriarcal y a razones más obvias como la diferen- cia de fuerza física, provoca estas atrocidades. Volviendo a los orígenes de la psicología, pode- mos rescatar el objeto de apego . Freud afirma que “la evidencia del psicoanálisis muestra que todas las relaciones sentimentales entre dos personas que duran en el tiempo –matrimonio, amistad, pa- dres-hijos– dejan un sedimento de sentimientos de aversión y hostilidad que son reprimidos para no ser experimentados” (Freud en Alao, 2006). En Psicología de las masas y análisis del yo ( Obras Completas XVIII , 1921) Freud habla sobre las numerosas ocasiones en que las relaciones in- terpersonales constituyen conflicto; las preocupa- ciones por la intimidad se alternan con hostilidad y problemas dentro del grupo, uno no puede formar una pareja sin aceptar la limitación al narcisismo que ello conlleva y, si la pareja se mantiene en el tiempo, se genera gran tensión entre la compatibi- lidad e incompatibilidad de la misma, los narcisi- mos (de cada uno de los miembros de la pareja) y los límites que se viven en la libido. El amor es vivido también como idealización del otro. Esta idealización tan presente en nuestra so- ciedad latinoamericana y, específicamente, en la mexicana, se manifiesta en el amor que se profesa a la mujer amada en forma de visionarla como una princesa, como una reina, como la dueña del cora- zón, un ser virginal sin maldad (Lewis 2004). Todas ellas formas de entender la realidad que conflic- túan la aceptación del otro dificultando el punto de encuentro entre la pasión y el cariño. Es cuando surge la depreciación de la mujer; cuando se ve su naturaleza real de ser incapaz de cumplir con un rol que, como se ha revisado antes, el patriarcado le ha asignado y que, dicho llanamente, es terrible y contrario a su desarrollo como mujer. Se crea la dualidad entre mujer y puta (Alao, 2006). Siguiendo esta reflexión sobre el análisis del yo freudiano, Kerry (1998) desarrolla un esquema de conducta del hombre que comete feminicidio y lo divide en cinco etapas: la primera habla sobre el pre-asesinato, en donde el hombre busca cómo re- afirmar su masculinidad en la relación y revisa cómo es su relación con las mujeres. En la segunda se ges- ta el crimen en la mente del hombre y se planea. En la tercera etapa se comete el acto mortal. Después, viene un tiempo de desorientación en el que el ase- sino organiza sus ideas y sus intenciones para tomar una última decisión: el hombre decide en esta última etapa sobre sus actos y puede cometer suicidio o no. Nuevas respuestas desde las ciencias de la salud A pesar de la existencia de protocolos claros y leyes que obligan a los gobiernos estatales y locales a im- plementar asistencia psicológica (además de legal, médica y de protección de las víctimas), no existe una respuesta eficaz por parte de las dependencias en todos los niveles. 9 Los psicólogos, siendo exper- tos en el tratamiento de crisis, son actores impor- tantes en el nuevo abordaje que, como sociedad, debemos construir en torno a los feminicidios y la violencia estructural. La psicología de la salud se enfoca en la prevención y en la mejora del sistema sanitario. Tanto los individuos como las sociedades se muestran –a lo largo de la historia– vulnerables a la aparición de la enfermedad que en nuestros tiem- pos tiene nuevos rostros y, entre ellos, uno de los más terribles es la violencia de género que, en su expresión más trágica, se convierte en feminicidio. Las ciencias de la salud deben, por tanto, en- focarse en modificar las estructuras sociales y tra- 9 Ejemplo de esto es el Manual de Lineamientos y Protocolos para la atención psicológica de mujeres que viven en situación de violencia familiar y de género (2010) a cargo del Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva, de la Secretaría de Salud del Gobierno Federal, en el cual se esta- blecen técnicas y objetivos terapéuticos para la atención psico- lógica en los Servicios Estatales de Salud.

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