Derechos Humanos / Anuario 2015
14 DERECHOS HUMANOS ANUARIO 2015 siglo pasado, la lucha de las mujeres nigerianas en la defensa de sus tierras comunales contra las petroleras y quien hoy piensa en voz alta con mujeres mayas y de otros colectivos en Nuestra Amé- rica sobre la producción de “lo común”), el capitalismo es el primer sistema social que funda su riqueza y acumulación sobre el trabajo humano. Por supuesto, el capitalismo no inventó la explotación, ni la propiedad privada ni la sumisión de las mujeres, pero todos los otros sistemas de explotación (sean los precedentes en Europa, sean los no europeos) vieron la riqueza como animales, tierra, bosques, agua, miel, telas, granos y metales, no como trabajo. El trabajo humano era importante para construir, crear, cultivar en mundos donde el arte era colectivo y la espiritualidad algo inmanente que involucraba la vida de todas las personas y seres. Con el capitalismo cambia tanto la concepción de trabajo como la de riqueza. La historicidad de esta concepción de la riqueza, según Federici (2015), debe ser entendida como im- posibilidad de universalizar –y, por ende, de tempo- ralizar– la explotación de las mujeres que está en la base del patriarcado occidental moderno. Se trata de una lectura de la Modernidad como pre- cisa concepción de la riqueza social que se sostiene en el trabajo humano e implica una transformación del tiempo, de la persona y, por supuesto, de los cuer- pos. Tiempo que se divide en horas, personas que se subjetivizan y cuerpos convertidos en máquinas para rendir. Personalmente, concibo la Modernidad como el tiempo de la he- gemonía del capitalismo, que contiene todas las formas de indocilidad ante esa hegemonía, desde las resistencias indígenas y los palenques negros en América, hasta las utopías heréticas y anarquistas, el feminis- mo y las comunas, las búsquedas revolucionarias liberal y socialista, el pacifismo y la propuesta zapatista. Es precisamente porque la Moderni- dad engloba también las respuestas a la aplanadora capitalista –la cual, sin embargo, no logran sustituir–, que resulta tan contradictoria. Según Federici (2015), el capitalismo concibe el trabajo humano como una acción que debe incrementarse, desarrollarse, pues es lo que produce riqueza, por lo tanto traslada la importancia del cultivo de la tierra al cultivo del trabajo humano. A través de la división social entre campo y ciudad y la conversión del campesinado en explota- dos sin importancia propia, la colonización y sometimiento de las naciones de América y África y la esclavitud de millones de personas traficadas, el capitalismo acumuló trabajo humano. Para conservarlo e incrementarlo comienza a usar la pena de muerte para prohibir el uso de anticonceptivos a las mujeres y persigue a las que abortan. Es decir, interviene directamente para apropiarse del cuerpo de las mu- jeres e intenta convertirlas en máquinas productoras de trabajadores. 3 3 Silvia Federici (2010) ha trabajado sobre la historicidad del control de la procreación y la violencia contra las mujeres de los aparatos represivos de los Estados monárqui- cos absolutistas que sustituyeron al sistema feudal europeo y la ha relacionado con la actual rapiña de las tierras comunales, que constituyeron el núcleo central de la A través de la división social entre campo y ciudad y la conversión del campesinado en explotados sin importancia propia, la colonización y sometimiento de las naciones de América y África y la esclavitud de millones de personas traficadas, el capitalismo acumuló trabajo humano.
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