Derechos Humanos / Anuario 2015
DERECHOS HUMANOS ANUARIO 2015 169 Conclusiones Como se puede advertir, no es posible hablar de un solo feminismo, pero sí de principios de los feminismos, los cuales confluyen en visibilizar y valorar a las mujeres como sujetos en igualdad con los hombres. Este principio es el fundamento de una lucha que busca resignificar el concepto de “ser humano”, el cual a lo largo de su historia ha sido administrado por la hegemonía del pensamiento occidental, el patriarcado, el heterosexismo y el modelo económico y de mercado. Repensar el concepto de ser humano, desde el discurso emer- gente del feminismo descolonial, requiere abrevar de diversas propuestas epistemológicas y teóricas. Por ejemplo, el discurso bourdieano sobre la dominación masculina requiere ser adecuado a los contextos indígenas y no pensarlo tal cual como se utiliza para entender las relaciones entre hombres y mujeres al interior del orden moderno. Es necesario que los significados y prácticas de la mascu- linidad por los varones en las sociedades originarias se vean como expresiones de conflictos, negociaciones interculturales y la vigencia de las ancestralidades resignificadas. El discurso bourdieano sobre la dominación masculina alude a una jerarquía vigente en las sociedades occidentales en las que el sistema de género (re)produce hombres y mujeres no sólo desde una orientación patriarcal, sino también desde el heterosexismo, legitimando modelos perfilados por códigos, prácticas y representaciones de un masculinidad hegemónica (Connell, 1995), lo cual evidencia la existencia de otras, tales como las subor- dinadas, disidentes y emergentes. Las matizaciones en las comprensiones sobre las realidades generizadas indígenas, a través de discursos como el aludido, u otros, como el planteado por Connell (1995) sobre la masculinidad hegemónica, permitirán que el feminismo descolonizante no se vea como un movimiento sólo de y para mujeres indígenas o latinas. Es decir, es necesario advertir que no repita los sesgos etnocéntricos en los que se ha atorado el feminismo occidental, lo cual podría fortalecer al feminismo, en general, como un movimiento revolucionario de los paradigmas vigentes en los ordenamientos internos y externos de cualquier sociedad en el mundo. Por último, cabe aclarar que el feminismo no es “hembrismo” o una posición que buscaría desplazar y ocupar al dominio patriarcal, comúnmente nombrado como “machismo”, sino que es necesario que el feminismo se vea como un medio para transformar los para- digmas de vida vinculando los procesos de transformación al interior de las sociedades con su exterior o medio ambiente. Los fenómenos que han generado y fortalecido el imaginario negativo sobre el feminis- mo han sido los desconocimientos de sus fundamentos y propósitos, pero sobre todo las resistencias patriarcalistas tanto de hombres como de mujeres, los temores a las pérdidas de los cotos de poder e incluso a la exacerbación de falsas ideas que han alimentado mitos como la “lucha entre sexos”.
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