Derechos Humanos / Anuario 2015

DERECHOS HUMANOS ANUARIO 2015 25 poseer a una mujer que les provea de servicios laborales y sexuales y se justifican apelando a un imaginario social según el cual la viola- ción responde a supuestas “necesidades biológicas”. Estas violaciones se exacerban cuando las mujeres pertenecen a pueblos originarios, en cuanto el imaginario social normaliza con la misma fuerza la sumisión, explotación y menosprecio de las culturas no occidentales de América. La violación de una mujer indígena, desde este parámetro, es doblemente normalizada. En todo contexto de guerra –y la estrafalaria Guerra al Narcotráfico declarada por el Poder Ejecutivo hace diez años ha creado este contexto en México–, 14 los hombres siguen haciendo en tiempo de guerra lo que hacían en tiempo de paz, aunque “la agresión sexual pasa a ocupar una posición central como arma de guerra productora de crueldad y letalidad, dentro de una forma de daño letal que es simultáneamente material y moral”. El histórico pacifismo de las mu- jeres no es una actitud que puede ser naturalizada, nace de un preciso conocimiento de la realidad. Deshilar las tramas de la violencia laboral y sexual, leerla como un problema político y plantearlo como un asunto estratégico, inaugura una socialidad que no se sostiene en la opresión. Como dice Lorena Cabnal (2014), [...] a lo largo de la historia, las mujeres indígenas se han rebelado contra las opresiones del despojo y del saqueo y las formas de violencia contra sus cuerpos. Son numerosos los testimonios de resistencia: desde las abuelas y bisabuelas contra las formas de dominación colonial, hasta las contemporáneas, que colocan su cuerpo en la línea frontal del ataque para defender la vida. Hablar de esta historia, desamordazar la historia de todos los gru- pos que hacen política “entre mujeres”, construye el camino de la superación de las sociedades generizadas, del fin del sistema que se sostiene y reproduce el terror a la violación como construcción de jerarquías para el despojo del trabajo femenino en la cotidianidad. 14 Con el inicio de la “guerra contra el narcotráfico”, en el periodo presidencial de Fe- lipe Calderón, además se agravaron los asesinatos y las desapariciones forzadas. Al terminar el mandato del segundo presidente perteneciente al Partido Acción Nacional ( pan ), la cifra de desaparecidos en el país superó las 14 mil personas, según cifras oficiales. Desde diciembre de 2012, en la etapa de Enrique Peña Nieto la problemática persiste y parece no tener fin; según los registros de las autoridades el número de desaparecidos de la actual administración asciende a 9 mil 612 personas (Mastrogio- vanni, 2014). De acuerdo a estimaciones, de seguir con esta tendencia, al terminar este gobierno en 2018, Peña Nieto podría alcanzar los 30 mil o 40 mil desparecidos. Los hechos ocurridos en Iguala con la desaparición de los 43 normalistas de la Nor- mal Rural de Ayotzinapa permitieron que el fenómeno de la desaparición forzada se posicionara con mayor fuerza en la atención de la sociedad, convirtiéndose en la fo- tografía que enmarca la realidad del país. Al ser estos desaparecidos todos hombres, no se relaciona la desaparición forzada con la violación, las torturas sexuales y los asesinatos de mujeres por ser mujeres que, desde 1993, denuncian las madres de las asesinadas en Ciudad Juárez y, luego, las madres y familiares de todo el país. Desamordazar la historia de todos los gru- pos que hacen política “entre mujeres”, construye el camino de la superación de las sociedades generizadas, del fin del sistema que se sostiene y reproduce el terror a la violación como construcción de jerarquías para el despojo del trabajo femenino en la cotidianidad.

RkJQdWJsaXNoZXIy MTY4MjU3