Derechos Humanos / Anuario 2015
48 DERECHOS HUMANOS ANUARIO 2015 Josué Hernández: Frente a lo que se ha comentado a lo largo de la sesión con respecto a las problemáticas regionales y a la postu- ra que ha manifestado el Alto Comisionado, Zeid Ra’ad Al Hussein, ¿cuáles son las expectativas sobre el trabajo y la situación que en materia de derechos humanos se tienen en México? Edgar Cortez: Sabemos que la Oficina en México informa permanentemente a Ginebra de lo que está pasando. Queda claro que ya hay una información abundante, reiterada, que habla de esta situación de crisis de derechos humanos. Entonces, eso obliga a hacer la pregunta de hacia dónde tienen que apuntar el papel, el trabajo, los esfuerzos del Alto Comisiona- do. Creo que ése es un elemento importante y lo que vimos ahora en el diálogo es que hay que rehacer- lo; el tema es cómo encontrar, claramente, la mejor manera, porque al final es lo que planteaba el mismo Comisionado: ¿cuánto hay que hacer para favorecer mayor diálogo entre lo público y lo privado? ¿Cuándo y en qué medi- da generar pronunciamientos públicos que provoquen cambios y no reacciones negativas, anticuerpos del gobierno? Creo que sí hay una claridad que queda asentada; hay un mo- mento distinto, más grave en México, que nos obliga a repensar y, ahora, la tarea es ver hacia dónde se tendrían que orientar las ac- ciones de la Oficina del Alto Comisionado en México, sobre todo porque están en este proceso de diálogo con el gobierno mexicano, en términos de revisar el mandato de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Josué Hernández: De acuerdo con la orientación deseable de los esfuerzos de la Oficina, y de lo que aún falta por ver y hacer, ¿qué objetivos a corto plazo se pueden generar en esta relación? Edgar Cortez: Yo creo que ha habido cambios en distintas etapas dentro de esta relación. Una limitante que tiene, en términos operativos, es que la Oficina sólo tiene una sede en México y, de pronto, el diálogo, la relación, los acuerdos con las organizaciones del país tienen una cierta dificultad. Una segunda cosa que, me parece, también influye en esto es la insistencia del gobierno, desde hace algún tiempo, acerca de que la Oficina tiene una tarea fundamentalmente de apoyo y de asesoría a los esfuerzos del gobierno; esto lo ha hecho como queriendo que esa cerca- nía se convierta en una instancia de menos interactuación entre la Oficina y el Alto Comisionado; nosotros creemos que debería ser algo más inte- ractivo en un consejo tripartita donde participen Gobierno Federal, Ofici- na del Alto Comisionado y Organizaciones de la Sociedad Civil. Yo diría que un elemento central es, también, la propia perspectiva que tiene la persona que encabeza. El anterior Comisionado venía con una perspectiva en la que veía como aliado fundamental al gobierno para la relación, la interactuación y las negociaciones; eso fue en detri- mento de las relaciones que se pudieron tener con las organizaciones Hay un momento distinto, más grave en México, que nos obliga a repensar y, ahora, la tarea es ver hacia dónde se tendrían que orientar las acciones de la Oficina del Alto Comisionado en México, sobre todo porque están en este proceso de diálogo con el gobierno mexicano, en términos de revisar el mandato de la Oficina del Alto Comisio- nado de las Naciones Unidas para los Dere- chos Humanos.
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