Derechos Humanos / Anuario 2015

92 DERECHOS HUMANOS ANUARIO 2015 términos de exigibilidad al Estado? Un sencillo y visible ejemplo es la numerosa apertura de farma- cias similares y aquéllas que ofrecen consultas por 30 pesos. De otro lado, las políticas como el Segu- ro Popular y la privatización de las pensiones son formas concretas en cómo opera el capitalismo flexible en México. Los derechos humanos tienen como cualidad ser progresivos, es decir, van hacia adelante en el curso de la historia. Un derecho que ha sido reco- nocido como tal no puede diluirse. Los derechos al trabajo, a la salud, a la vivienda, a la vida, se van nutriendo de otros derechos, los cuales nacen de condiciones culturales, históricas, sociales, cientí- ficas y tecnológicas distintas como, por ejemplo, puede ser el derecho a Internet o a la maternidad a través de la ciencia. Las instituciones que normaban la intimidad de las personas han sido rebasadas, al trans- formarse la forma de reproducción y acumulación del capital (en esta interrelación), los individuos han mutado también en sus formas de relacio- narse. La familia generalizada de la Modernidad denominada “nuclear” se ha diversificado; ahora podemos observar familias compuestas de pa- dres o madres solteras, uniones de personas del mismo sexo, abuelos/as que crían a sus nietos/as, parejas sin hijos/as, etc. Estas nuevas formas se esbozan como resultado de la contradicción entre la forma de producción y la forma de relación y reproducción humana. El individuo, la familia, la pareja, el amor han adquirido una nueva semántica, una nueva for- ma. Éstas “no son en su origen un invento indi- vidual, sino un hijo tardío del mercado laboral amortiguado por el Estado social” (Beck, 2001), puesto que las nuevas formas no surgen de un abstracto, sino de las exigencias implícitas en la transformación del capital (más exacerbadas con la retirada del llamado Estado social, pensando, sobre todo, en el contexto específico del mundo subdesarrollado). Estas nuevas exigencias son las que implican nuevas formas de relacionarse, condensadas en “la contradicción entre las exi- gencias del mercado laboral y las exigencias de las relaciones amorosas” (Beck, 2001). Beck señala que las transformaciones del mer- cado exigen a un individuo móvil, flexible, y que sus vínculos, las contradicciones sociales, su existencia e identidad no entorpezcan su capa- cidad de disposición en el mercado laboral. En este sentido el migrante es la figura por excelencia, para insertarse en el mercado laboral; para poder ser explotado renuncia a su tierra, a su identidad étnica o nacional, a su familia, etcétera. Al igual que Beck, Zygmunt Bauman considera que la solidez de las estructuras se encuentra en entredicho por la Modernidad y su nueva forma de ser en el sentido de la existencia del individuo. El amor, en tal medida, es un protagonista de disolu- ción de los sólidos en la medida en que su orden resulta más o menos inexistente. De ahí su metáfora de la liquidez, en las palabras que utiliza Bauman: Los fluidos, por así decirlo, no se fijan al espacio ni se atan al tiempo. En tanto los sólidos tienen una clara dimensión espacial pero neutralizan el impacto –y disminuyen la significación– del tiempo (resis- ten efectivamente su flujo o lo vuelven irrelevante), los fluidos no conservan una forma durante mucho tiempo y están constantemente dispuestos (y procli- ves) a cambiarla; por consiguiente, para ellos lo que cuenta es el flujo del tiempo más que el espacio que puedan ocupar: ese espacio que, después de todo, sólo llenan “por un momento” (Bauman, 2003). La teoría de la Segunda Modernidad desplaza del centro del conflicto el paradigma de clase, situán- dolo ahora al ámbito de la intimidad, de la familia. El campo de batalla, nos dice Beck, es la casa o la recámara; este conflicto busca como antídoto al amor. La importancia del amor se ha exacerbado, su búsqueda pretende una autoafirmación, la bús- queda de su Yo en el Tú. En esta sociedad lo único que nos queda es el Tú. “Y la magnitud del tú es el vacío invertido que reina en todo lo demás” (Beck, 2001), el amor evade a la soledad, la seguridad se proyecta en el Otro en un paisaje sin referentes y en vertiginoso cambio. El amor se fundamenta a sí mismo; es el amor por el amor mismo. El amor es un sentimiento que se presenta como justificador de la existencia. “El amor no tiene fines, no se trata de una meta racional basada en un fin” (ídem) y, sin embargo, el amor representa una búsqueda, de un fin del que nadie se atreve a cuestionar. La búsqueda del amor se convierte en una urgen- cia, una forma de llenar el vacío, de evadir el miedo frente a la soledad; “el afán por el amor representa

RkJQdWJsaXNoZXIy MTY4MjU3