Derechos Humanos / Anuario 2017

78 DERECHOS HUMANOS ANUARIO 2017 (Rubio y Bacchi, 2016: 238), pues integrarlos en el marco interno daría por entendida una aceptación frontal y formal de los episodios de desplazamiento en el país. En términos político-comunicativos sobre el dis- curso diplomático mexicano es posible apreciar que el Estado forma parte de una “espiral del si- lencio” (Noelle- Neumann, 1995). Es decir, en foros multilaterales México converge con las ideas “pro- gresistas” de derechos humanos y protección de la persona a través de su discurso reivindicativo de los refugiados y los desplazados. Sin embargo, este acto no implica acciones más allá de sus de- claraciones en la esfera pública internacional. En otros términos, algunos criterios son ampliamente aceptados dentro de la opinión pública (protección de los desplazados o refugiados, por ejemplo), por eso quien sea partidario de ellos (el México diplo- mático) tiene la libertad de expresarlos (por miedo al aislamiento si no se hace); subyugando las opi- niones contrarias (de no protección o no recono- cimiento) bajo la sombra del discurso dominante (Noelle-Neumann, 1995). Es así como, más allá del discurso diplomático la espiral del silencio puede evidenciarse a través de la visita del Dr. Deng, representante del Secretario General de las Naciones Unidas para los Despla- zados, en 2003. En 2002 el gobierno mexicano invitó formalmente al Representante con la inten- ción de elaborar un informe sobre la situación de los desplazados en el país. Al año siguiente las recomendaciones son emitidas desde las Nacio- nes Unidas. El Estado se compromete a revisar la situación y a crear una instancia para atender el desplazamiento en 2004, lo cual no ha sucedido (Rubio y Bacchi, 2016: 254). La responsabilidad pública y discursiva del Estado para atender a las víctimas, se disipa entre la espiral del silencio a más de diez años de dichas declaraciones y “de- beres” adquiridos ante la comunidad internacional. Más allá de la espiral del silencio, la tradición de asilo (recibiendo a disidentes de la Guerra Civil Española o el conflicto armado interno en Guatemala) y la evolución normativa e institucional a refugiados en México no representan la realidad del despla- zado mexicano: [Que] Nuestros dirigentes y diplomáticos construye- ran un discurso que caracterizaba al país como uno responsable y solidario frente a las tragedias humanitarias… de otros […] continuó con lapromoción y defensa de la dignidad humana allá afuera… cuando la tragedia humanitaria tocó tierra propia, la respuesta se volvió una de negación, cerrazón e insensibilidad. Las contradicciones entre la política interna y la política exterior mexicana en ningún área se han manifestado de forma tan evidente como en la de los desplazados internos por la violencia (Rubio y Bacchi, 2016: 268) El reconocimiento formal del fenómeno es funda- mental en la atención del problema, pues a partir de ésta se derivará la legislación, que a su vez permitirá el desarrollo de un marco jurídico para la protección de esta población, pero también para la prevención y asistencia del fenómeno. Es imprescindible visibilizar el desplazamiento: desde las organizaciones de la sociedad civil y la aca- demia a través de la creación de conciencia en la comunidad (Coalición Pro Defensa del Migrante, 2016: 23) no sólo en el propio gobierno. Al mismo tiempo, queda pendiente la exploración del papel que juegan los medios y la opinión pública (fuera de la diplomática) sobre las crisis humanitarias actuales. 2.1 Desplazamiento por violencia en el noroeste del México: la “narcoviolencia” Como ya se ha mencionado, el desplazamiento es difícilmente reconocido por el Estado en cualquie- ra de sus causas, pero especialmente representa una amenaza para la estabilidad del gobierno cuando es consecuencia de la violencia: criminal y de las propias autoridades. El DFI derivado de la violencia es constantemente invisibilizado para actores claves en su atención como la academia e instituciones públicas, privadas y de la sociedad civil (Mercado, 2013: 151). El desplazamiento interno por violencia derivado de la “Guerra contra el narcotráfico” es el más complejo de digerir. Tal como Sebastián Albuja y Laura Rubio refieren en Durin (2013: 157): “hay un silencio absoluto sobre el desplazamiento interno de población –una de las consecuencias más graves de esta guerra–, así como de la responsabilidad del Estado frente a estas migraciones”. A pesar de que el fenómeno es un problema que afecta diversas regiones del terri- torio nacional (la del golfo o “Tierra Caliente”, por ejemplo), es un hecho que ha dañado con ma- yor intensidad el norte del país, especialmente al poniente.

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