Derechos Humanos / Anuario 2015
118 DERECHOS HUMANOS ANUARIO 2015 En la vida cotidiana enmarcamos múltiples actitudes y acciones que hacen tangible el poder y dominio que se ejerce contra el cuerpo de la mujer. El piropo, por ejemplo, es un acto “inocente” que se vincula con “halago y cortejo”, despojando así, el dere- cho de la mujer a decidir sobre su cuerpo. Naturalización de la violencia en la 1vida cotidiana En la vida cotidiana enmarcamos múltiples actitudes y acciones que hacen tangible el poder y dominio que se ejerce contra el cuerpo de la mujer. El piropo, por ejemplo, es un acto “inocente” que se vincula con “halago y cortejo”, despojando así, el derecho de la mujer a de- cidir sobre su cuerpo, cuando lo que se “halaga” es la aprobación de sus “características femeninas” por parte de la sociedad; llevan- do a la mujer a la posición de –incluso– tener que agradecer dicha agresión, la cual, en un primer nivel es verbal, pero muchas veces se traduce en agresiones físicas que se tornan “normales” dentro de la sociedad en la que vivimos. Es así, como a través del lenguaje verbal y no ver- bal se afianza la idea de que el cuerpo de la mujer en el espacio público, también es público, por lo que se naturaliza su disposición, y se convierte en objeto. En México, donde la vida tanto de hombres como de mujeres corre permanente peligro, la situación se agrava especialmente hacia los grupos vulnerables, como mu- jeres indígenas, mujeres en distintos grados de pobreza. Según el Observatorio Ciudadano Nacional de Fe- minicidio, de las mujeres que fueron víctimas de femi- nicidios entre enero de 2009 y junio de 2010, el 28.09% se desconoce la actividad que desarrollaban, en segundo lugar, las víctimas eran amas de casa, representando el 26. 63 %; en tercer lu- gar eran empleadas, con 13.37%, y en cuarto lugar, 8.43% se trataba de estudiantes. La población estudiantil es una población vulnerable ante este tipo de violencia, pues en cuanto a rango de edad se refiere, cuatro de cada diez mujeres víctimas de feminicidios tenían entre 10 y 30 años. El mismo estudio revela que la mayor parte de las mujeres asesi- nadas en México, entre enero de 2009 y junio de 2010, eran jóvenes que desarrollaban sus actividades cotidianas en espacios públicos, como el trabajo o la escuela; además de ser asesinadas con uso ex- cesivo de la fuerza física, lo que refleja la vulnerabilidad y riesgo de este grupo de población hacia el cual el victimario siente el derecho de maltratar y quitar la vida. Estos lamentables y desagradables asesinatos no son hechos aislados, por el contrario, son el producto de una cultura patriarcal, una ideología que permea cada situación de la vida cotidiana, en la cual el poder de asignar espacios en su aspecto práctico y simbólico coloca a las mujeres en lugares de sumisión, nombrando y valorando esos espacios de ellas como lo femenino. En un sistema patriarcal, lleva a la muerte y las circunstancias que hacen que la víctima no pueda vivir […] el uso de medios hegemónicos por parte del género masculino para destruir los derechos de las mujeres, sus habilidades, su potencial y por último su seguridad más básica y su vida”. Es una forma de abuso, amenazas e invasión que degrada y subordina a las mujeres. Lleva a miedo establecido, frustración, aislamiento, exclusión y agresión. Daña la habilidad que una mujer tiene para controlar su vida personal e íntima.
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