Derechos Humanos / Anuario 2015
166 DERECHOS HUMANOS ANUARIO 2015 Cada uno de esos “modos del feminismo” plantea la reivindicación de los derechos de las mujeres pero considerando sus contextos. Así, en el caso del feminismo afroamericano o de las mujeres “negras” que se asumen como feministas, plantea reivindicar la “negritud” como un medio para distinguir sus intereses prácticos y estratégicos de género seriamente vinculados a los problemas de la discrimi- nación y el racismo (Campbell y Careaga, 2002). La visibilización de la negritud en el feminismo, trajo como consecuencia que los postulados constructivis- tas, desde donde se fundamenta que el género es una categoría que permite entender que el ser hombres y mujeres se relaciona con procesos de transformación cultural de lo biológico; que es fundamento de las sub- jetivaciones de esos sujetos y una condicionante de su posición en las estructuras y relaciones sociales. Sin embargo, puesto que existe un orden patriarcal que permea esos sistemas de significación y subjetivación de género, las diferenciaciones que se hacen en los modelos masculinos y femeni- nos, se tornan en mecanismos de desigualdad, lo cual evidencia que el género es una expresión de las formas de concepción y ejercicio de poder (Rubin, 1997). Este fenómeno se matiza en función de otras categorías que definen estamentos sociales como la raza, la etnia, la clase, la generación, el espacio, los tiempos históricos, etc. Los retos del feminismo frente a los centrismos y a la emergencia del sujeto diverso e intercultural Desde la academia feminista los estudios de género se han propues- to como el medio para descubrir, entender y actuar sobre el orden patriarcal. Sin embargo, un adelanto a la crítica propuesta, a lo largo de la práctica de dichos estudios se detecta una fuerte tendencia en centrarse en el sujeto femenino, 2 tocando marginalmente las relacio- nes con las formas en que se subjetivan a los varones y generando una idea estática y limitada de masculinidad. Ésta ha sido la coyun- tura en que han emergido los estudios de género de los hombres, mejor conocidos como los estudios de las masculinidades. El centrismo feminista, fundado sólo en la atención de las mujeres y en su mayoría occidentales, ha dejado un aporte importante sobre la condición y posición de género de éstas en el (des)concierto patriarcal occidental, pero ha dejado de lado aspectos centrales de contextos, estructuras y relaciones de otras mujeres. De aquellas que (sobre) viven en sociedades no occidentales o de grupos alterizados que perviven como subculturas al exterior e interior de la hegemonía de la cultura occidental. 2 Este sesgo ha ocasionado que las metodologías feministas, que utilizan a la perspectiva o enfoque de género, se vean reducidas sólo al sujeto femenino occidental. En este senti- do, el carácter del género como perspectiva crítica se limita, niega su carácter relacional y privilegia una visión binaria, mostrando dificultades para desprenderse de las cargas heterosexistas del orden patriarcal. La visibilización de la negritud en el femi- nismo, trajo como consecuencia que los postulados constructivistas, desde donde se fundamenta que el género es una categoría que permite entender que el ser hombres y mujeres se relaciona con procesos de trans- formación cultural de lo biológico
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