Derechos Humanos / Anuario 2015
DERECHOS HUMANOS ANUARIO 2015 19 El hecho concreto es que hoy sabemos que hay una violencia constante, reforzada por todas las formas de represión de los movimientos sociales por parte de los agentes del estado, pero también activa en las organizaciones delincuenciales y en la organización de la vida familiar, contra las mujeres. porque les teme tanto o más que al reconocimiento de la hetero- geneidad nacional. El actual orden sexual, según las ideas de las feministas xinkas, que Lorena Cabnal transcribe y comparte, tiene un componente mixto, ancestral y colonial, que ha dado pie al patriarcado actual, nacido del entronque de la misoginia y an- drofilia ancestrales con la opresión cristiana colonial de las mujeres, en particular de las vencidas, visua- lizadas como botín. No es una idea aceptada por to- das las corrientes feministas: según algunas teóricas decoloniales, en particular la argentina radicada en Estados Unidos, María Lugones, el sistema sexual no fue patriarcal en América sino hasta la invasión colonial, al punto que duda de que existiera un sis- tema sexual de género; por otro lado, para muchas organizaciones de mujeres de diversos pueblos, el orden social es un orden dual, de arriba-abajo, mujer-hombre, día-noche, que se ha pervertido con la invasión, la Colonia y la modernidad. El hecho concreto es que hoy sabemos que hay una violencia cons- tante, reforzada por todas las formas de represión de los movimientos sociales por parte de los agentes del Estado, pero también activa en las organizaciones delincuenciales y en la organización de la vida fa- miliar, contra las mujeres. Dicha violencia no parece haber disminuido con el ingreso de las mujeres al mercado laboral asalariado ni con las leyes que, supuestamente, deben garantizarle la superación de las discriminaciones en su contra y el derecho a una vida sin violencia. Los narcotraficantes colonizan las zonas indígenas donde la división de género es bastante igualitaria e imponen su acción patriarcal con- tra los cuerpos de las mujeres que se resisten a la violación, 11 así como la policía mexicana viola a las mujeres que toma presas en las manifes- taciones políticas de resistencia al despojo de tierras. 12 ¿Su culpa es no estar reproduciendo una fuente de trabajo dócil? Tener un cuerpo con marcas físicas que lo identifican como de mujer, o de persona negra, o de indígena, o de colonizador (blanco caucásico, en el caso de América) no ubica al sujeto en el mismo nivel de respuesta ante el miedo y la organización social. “Nos tienen miedo porque no tenemos miedo”, reza una canción de Liliana Felipe coreada en las marchas por las mujeres en resistencia contra el golpe de 2008 en Honduras, o en México, o en Colombia. Que las mujeres de 11 Por supuesto, estoy pensando en las violaciones de las mujeres guarijías por los narco- traficantes de Chihuahua, pero también ha sucedido por parte de grupos delincuenciales y paramilitares contra las mujeres wayuu de Colombia, en el Chocó y por las acciones de una guerrilla violentamente racista como lo fue Sendero Luminoso en la Amazonía perua- na, y en muchas otras zonas de América, incluyendo Canadá y Estados Unidos. 12 El caso de la represión del movimiento campesino de defensa de las tierras en Atenco, en 2006, es paradigmático. Todas las mujeres presas por los órganos repre- sivos del Estado fueron violadas. Esta dinámica se produce también en Guatemala, Honduras y otros países. El 25 de febrero de 2015, en México, la policía federal volvió a violar como acto de represión a cuatro maestras que participaron en una manifesta- ción por sus derechos salariales en Acapulco.
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