Derechos Humanos / Anuario 2015
20 DERECHOS HUMANOS ANUARIO 2015 Para el ejercicio de la violación han existido dinámicas culturales que difieren de un pueblo a otro; todas ellas actúan a nivel económico, psíquico y social para la objetiva- ción del cuerpo de las mujeres, construyendo la idea de que ellas “pertenecen” a alguien y que su violación es un robo, una ruina o una devastación de la propiedad de un hombre o una sociedad, nunca una violencia política en contra de ellas. un grupo nacional o de una posición política rebelde a la reproducción no tengan miedo implica un verdadero desafío al sistema cuyo pacto fundador es la amenaza de violar a todas las mujeres para generar la ficción –creída y reproducida– de “la cosa” que da miedo. Cuando las mujeres descreen de la superioridad del individuo masculino de tipo colonizador, tienden a una reapropiación de la propia corporalidad y buscan el fin del protectorado que los hombres ejercen sobre todas ellas, aunque de manera diferenciada. En la actualidad, el capitalismo está en crisis porque la idea de que la riqueza es ge- nerada por el trabajo y no es independiente de las personas entra en contradicción con la voracidad por las “cosas” que demuestra. Crisis que Rita Laura Sega- to describe como la fase actual de rapiña y pérdida de legalidad del capitalismo. Es una fase intersticial, con una para-estatalidad en franca expansión, una difusa amoralidad delincuencial, donde la violencia contra las mujeres vuelve a ser, como en los principios del capitalismo analizados por Silvia Fe- derici, un objetivo estratégico y en la cual, como obser- va Lorena Cabnal, la violación de los cuerpos-territorios ratifica pactos intermasculinos contra aquellas de quienes exigen ser- vicios. En esta fase predatoria del más fuerte, aparecen nuevos modos de desposesión, captura y agresión contra las mujeres y contra esas propiedades comunes que las mujeres han defendido al margen de la hegemonía capitalista. Uno de ellos, paradójicamente, es dotarlas de un conjunto de leyes que deberían protegerlas y garantizarles la equidad con los hombres, a sabiendas de que no van a ser cumplidas, pero que las atan a su defensa. Algunas de estas leyes castigan la discriminación racista, aunque se promulgan cuando la apropiación de los elementos discriminadores del poder jerárquico se sale del control del Estado. Por supuesto, para el ejercicio de la violación han existido diná- micas culturales que difieren de un pueblo a otro; todas ellas actúan a nivel económico, psíquico y social para la objetivación del cuerpo de las mujeres, construyendo la idea de que ellas “pertenecen” a alguien y que su violación es un robo, una ruina o una devastación de la propiedad de un hombre o una sociedad, nunca una violencia política en contra de ellas. Sin embargo: La guerra hoy se ha transformado, y algunos especialistas en su historia comienzan a examinar su diseño y listar sus nuevas características. Des- de las guerras tribales hasta las guerras convencionales que ocurrieron en la historia de la humanidad hasta la primera mitad del siglo XX, el cuer- po de las mujeres, qua territorio, acompañó el destino de las conquistas y anexiones de las comarcas enemigas, inseminados por la violación de los ejércitos de ocupación. Hoy, ese destino ha sufrido una mutación por razones que tenemos pendiente examinar: su destrucción con exceso de crueldad, su expoliación hasta el último vestigio de vida, su tortura hasta la muerte. La rapiña que se desata sobre lo femenino se manifiesta tanto en formas de destrucción corporal sin precedentes como en las formas
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