Derechos Humanos / Anuario 2015
DERECHOS HUMANOS ANUARIO 2015 23 otras son una para la otra la cultura mapuche y la singalés, sin estar en relación de recíproca conflic- tividad? Esta última interpretación de la liberación es la que más me agrada porque me permite ima- ginar cómo nos vamos a deshacer de la idea que los seres humanos nos agrupamos por temor, como pretende el Leviatán de Hobbes, un conservador aterrado por la desaparición de la monarquía. Es decir, deshacernos de la idea de que es necesaria la linealidad de un proceso de destrucción (huma- na, ambiental, de culturas) que se celebra como progreso y que implica el control. Por supuesto, estoy postulando el carácter pro- gresista de las utopías y quisiera detenerme en la importancia de la superación de los conflictos ra- cistas por medio del diálogo de todos los sectores de mujeres involucrados en la imaginación del ho- rizonte de una(s) sociedad(es) no racista(s). Segato denuncia que la fijación ideológica en el dimorfismo anatómico avanza cada vez más hacia el tránsito de los sujetos. Eso quiere decir que, a pesar de la violencia de Estado, de la delincuencia y de algunos hombres, las sociedades por efec- to de la crítica feminista al “contrato sexual” están desplazando la idea que las mujeres y los hombres existen en sí como objetos y posesiones. Existe hoy la posibilidad de que se vean como sujetos históri- cos de la producción de símbolos, bienes, trabajos y afectividades. Estamos ante un horizonte de libe- ración de las normas de violación y despojo laboral para que los hombres se reconozcan entre sí como tales. Temo, sin embargo, que no haya salida de la violencia contemporánea sin la elaboración de proyectos políticos desde la cotidianidad (como la comuna unida por lazos de reciprocidad simétrica propuesta por Agnes Heller en los años setenta del siglo anterior), mediante la puesta en circulación de ideas entre mujeres separadas por las clases, las racializaciones y las edades impuestas por el con- trato sexual de género, que pueden comparar los sistemas de opresión que viven y aprender unas de otras (la apuesta por el diálogo). Propongo aquí que crucemos el análisis de la vio- lación como forma básica de la interrelación social para la opresión, propuesta por Segato, con el fin del amor entendido como instrumento de despojo del trabajo humano y sumisión a la pareja, que nos ofre- ce Federici, con la idea de formación de comunas o micromundos plurales, concebidos por Agnes Heller (1977: 43) como espacios de convivencia que pue- den sustituir a la familia tradicional autoritaria y libe- rar las sexualidades, y con la apuesta por el diálogo como posibilidad de conocimiento recíproco no ver- tical, para que dejemos de obedecer mandatos. Para esto asumamos la territorialidad del cuerpo y la cor- poralidad del espacio de convivencia, presente en la idea de cuerpo-territorio muy finamente tejida por el colectivo feminista xinka de la Montaña Xalapan, en Guatemala, que Lorena Cabnal (2013) resuelve en una imagen: “Nos negamos a hablar de armoniza- ción con la Madre Tierra si no existe una relación ar- mónica entre las mujeres y los hombres. Planteamos que defender un territorio-tierra ancestral contra las 31 licencias de exploración y explotación de minería que están planteadas sin defender los cuerpos de las mujeres que están viviendo la violencia sexual, es una incoherencia cósmica y política”. 13 Para que el cuerpo-territorio de las mujeres sea realmente protegido de la violencia que crea jerarquizaciones es indispensable denunciar el si- lenciamiento de ellas y de la historia moderna de las nacionalidades indígenas como una estrategia para perpetrar delitos de lesa humanidad. Todas las antropólogas, activistas de derechos humanos, sociólogas, abogadas y feministas involucradas en la denuncia y esclarecimiento de los delitos de feminicidio y violación de las mujeres en México, con quienes me he encontrado en los últimos cua- tro años, me han confirmado que el silenciamiento de estos delitos en el marco de la “guerra al nar- cotráfico” es precisamente una práctica de Estado que invisibiliza aquello que les pasa a las mujeres en la historia. Hacer historia es ver a las mujeres en el marco del contrato sexual; visualizar los elemen- tos estéticos, morales y jurídicos de enseñanza de la agresividad de los hombres contra las mujeres, tanto como indicar la existencia de pedagogías femi- nistas que consideran el fin de la organización social que se sostiene en el terror al otro. Las experiencias y reflexiones propias de las mu- jeres latinoamericanas, en particular las que versan sobre las violaciones en contexto de guerra y repre- sión política, llevadas a cabo por guatemaltecas, hon- dureñas, colombianas y mexicanas, nos sirven para entender que no hay un lugar neutro, “políticamente 13 “Mapa de Conflictos entre Pueblos Indígenas y Trasnacionales” en Coordinación por los Derechos de los Pueblos Indígenas. Disponible en: http://www.codpi.org/territorio-y-recursos- natu- rales/observatorio/mapeo
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