Derechos Humanos / Anuario 2015

DERECHOS HUMANOS ANUARIO 2015 37 Ya lo había dicho, con profunda ironía, el escritor José Saramago (1998: 580-581) ante la noticia de que serían privatizadas en el Perú las zonas arqueológicas de Machu Picchu y Chan Chan por Fujimori: Que se privatice Machu Picchu, que se privatice Chan Chan, que se pri- vatice la Capilla Sixtina, que se privatice el Partenón, que se privatice la cordillera de los Andes, que se privatice todo, que se privatice el mar y el cielo, que se privatice el agua y el aire, que se privatice la justicia y la ley, que se privatice la nube que pasa, que se privatice el sueño, sobre todo si es diurno y con los ojos abiertos. Y, finalmente, para florón y remate de tanto privatizar, privatícense los Estados, entréguese de una vez por todas, la explotación a empresas privadas mediante concurso internacio- nal. Ahí se encuentra la salvación del mundo... Y, metidos en esto, que se privatice también a la puta que los parió a todos. El problema de la reproducción social Pero no es un proceso puramente económico, como decía Luxem- burgo. Tal forma de acumulación y tal ejercicio de poder, no pueden existir sin destruir también referentes de la memoria colectiva y de la experiencia personal, sin desmembrar vínculos y solidaridades, “sin romper resistencias, imponiéndose sobre la tierra arrasada que dejan las expropiaciones y desplazamientos forzosos ” (Gilly y Roux, 2009: 5), sin colonizar las subjetividades mediante la combinación de una celebración mediática de la diversidad integrada mediante el slogan del multiculturalismo, y la criminalización de la diversidad rebelde, de la protesta y la resistencia, el incremento del racismo y la xenofobia, sin la auto-reclusión en espacios cada vez más amurallados y vigilados, el refugio en la más diversa suerte de conservadurismos, expresiones todas del paradigma del miedo y la guerra que se impone por doquier y que reclama mano dura y tole- rancia cero. El poderoso motor de la mercadotecnia, el crédi- to y la obsolescencia programada promete estilos de vida, insostenibles e inalcanzables, pero también deseados hasta la adicción, por las crecientes poblaciones urbanas, lo que implica otra forma de desposesión igualmente brutal que es la desposesión de la subjetividad, deste- rritorializada. Como dice Adolfo Gilly (2016: 81): “un cambio cualitativo en la mercantilización de los vínculos sociales está en curso, empujado además por la ruptura de viejas solidaridades” que tenían en la es- tabilidad del tiempo y el espacio una base de generación y posibi- lidad. La subordinación de la naturaleza y los procesos biológicos constitutivos de la reproducción material y simbólica de la vida a los ritmos y demandas de la acumulación, sea por la imposición de las nuevas realizaciones tecnológicas o del franco saqueo, está rom- piendo límites que se creían insuperables, según ha denunciado, junto con otros, el Papa Francisco en su Encíclica Laudato si. El poderoso motor de la mercadotecnia, el crédito y la obsolescencia programada promete estilos de vida, insostenibles e inalcanzables, pero también deseados hasta la adicción, por las crecientes poblaciones urbanas.

RkJQdWJsaXNoZXIy MTY4MjU3