Derechos Humanos / Anuario 2015
38 DERECHOS HUMANOS ANUARIO 2015 No es sólo un proceso económico cuando el propio cuerpo hu- mano, el último bastión territorial de la existencia, es cosificado en la trata de personas, en el robo de niños, como si fueran bolsos, o ven- dido en pedazos y al peor postor, o simplemente desaparecido en el silencio, pero con la misma violencia brutal que desaparece cerros y montes tras la irrupción de la minería a cielo abierto. El capital produce su propio ecosistema Desde una perspectiva de los derechos humanos, es decir, de la dignidad humana y de la dignidad de la tierra, no hay motivos ciertos para abrigar la esperanza de mejores tiempos. Todo lo contrario. Como cita David Harvey (2014: 244) en un libro reciente, no estamos necesariamente en la última etapa del capitalismo, como algunos han advertido, ni que las crecientes indignaciones aventuren una salida al largo túnel en el que nos encontramos. Es posible que el capital continúe circulando y acu- mulándose en medio de catástrofes medioambientales y despojos humanos. Estas catástrofes generan abun- dantes oportunidades para el capitalismo del desastre, y las muertes por hambre y los desechos tóxicos se concentran fundamentalmente en las comunidades más pobres, expuestas y vulnerables. La destrucción masiva de los hábitats, con su cauda de desplazamientos hu- manos, no habrán de perturbar al capital, a menos que provoquen rebeliones y revoluciones, precisamente porque buena parte de la población es ahora superflua y desechable. Las catástrofes localizadas pueden ser asumidas y capitalizadas en favor de la acumulación de ese capitalismo del desastre y la recons- trucción, como lo vemos en la guerra de drones y misiles que postra y humilla a pueblos enteros. Es cierto que la devastación ambiental y territorial alcanza ya es- calas que trascienden los problemas localizados y parece amenazar la propia existencia humana. Sin embargo, aun cuando alcanzara niveles absolutamente insostenibles, no se puede descartar que el capital pueda sobrevivir, apelando, dice Harvey: A la eliminación genocida de gran parte de la población sobrante y des- echable, que esclavizara al resto y que construyera unos entornos arti- ficiales cerrados para protegerse contra los riesgos de una naturaleza vuelta tóxica, organizara un control mental facista y una continua y siste- mática vigilancia y violencia policiales y militares (ibíd.: 257). En muchos sitios, ese futuro distópico ya ha llegado. Nuestros territorios, nuestro mundo de vida, constituyen escena- rios propicios para que una próspera clase rentista amase cada vez más riqueza y poder. Lo mismo a través de la apropiación física o en las derivas biotecnológicas, generadas a partir de la apropiación privada, Las catástrofes localizadas pueden ser asumidas y capitalizadas en favor de la acumulación de ese capitalismo del desastre y la reconstrucción, como lo vemos en la guerra de drones y misiles que postra y humilla a pueblos enteros.
RkJQdWJsaXNoZXIy MTY4MjU3