Derechos Humanos / Anuario 2015
DERECHOS HUMANOS ANUARIO 2015 77 En las universidades se enseña filosofía de manera hermética, cerrada, con textos seleccionados y oficiales que no dejan lugar a la reflexión o a la crítica, sino más bien dan paso a la repetición y la memorización, como si se tratara de un listado de mandado. cabo. Y, además, denunciar la irracionalidad del sistema imperante por medio de una racionalidad rigurosa, crítica y real. La Universidad tiene la obligación de “concientizar. No con prédicas moralizantes, sino con estudios contundentes”. Como menciona el filósofo Michel Onfray, en las universidades se enseña filosofía de manera hermé- tica, cerrada, con textos seleccionados y oficiales que no dejan lugar a la reflexión o a la crítica, sino más bien dan paso a la repetición y la memorización, como si se tratara de un listado de mandado. Es tam- bién cierto que los cursos de filosofía son reducidos a su historia, y no logran impactar de forma importante en la vida del estudiante y su contexto. Se transmiten y enseñan valores clásicos, seguros y a veces, por la manera de abordarlos, anacrónicos (Onfray, 2011). En contra de esto, Ellacuría propone que lo importante es enseñar a pensar : [Hacer un] esfuerzo por poner al estudiante en contacto directo con los grandes maestros del pensar, no en cuanto digan esto o aquello, sino en cuanto puesta en marcha de formas excepcionales de pensar. Suscitación del espíritu crítico frente a la propia realidad y frente a cualquier sistema que pretenda explicarla. Lanzamiento a la producción personal, a la creatividad en el análisis, en la comprensión y el hallazgo de respuestas. Preparación técnica para ponerse en contacto con los grandes pensadores, para ejerci- tar la crítica filosófica y para poder producir... (Ellacuría, 2001: 130). Entonces, este enseñar a pensar , más que una historia de la filosofía o del pensamiento, es un intento por filosofar, por abordar la vida y sus cuestiones de manera filosófica. ¿Qué es filosofar y cómo se filosofa? Entendemos que, más que en una repetición de conceptos, obras y autores, la enseñanza de la filosofía debe recaer en el enseñar a filosofar. Precisamente, “[...] el filosofar no es la transmisión y el aprendizaje de una serie de contenidos más o menos entendidos, sino la puesta en marcha de la propia capacidad de pensamiento filosófico” (ídem). Para explicar y justificar lo anterior, Ellacuría retoma la figura del filósofo griego Sócrates, quien caminaba por las calles de Atenas preguntando a la gente acerca de lo que sabía. Este método, que después se conocería como la dialéctica , causaba en las personas un proceso de transformación, ya que derrumbaba los juicios y pre- juicios que tenían sobre las cosas que ellos consideraban ciertas y les abría nuevos caminos existenciales. Debido a las molestias que ocasionó en algunos ciudadanos este tipo de enseñanzas y pregun- tas, Sócrates fue juzgado y condenado a muerte. “Tuvo que dejarlo todo y lo poco que le quedó, se lo arrebataron en nombre de los dio- ses y de las buenas costumbres de la ciudad. No pedía nada para sí; sólo la libertad de pensar y de decirle al mundo sus pensamientos.”
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