Derechos Humanos / Anuario 2015
DERECHOS HUMANOS ANUARIO 2015 79 El ¿para qué? de la filosofía es establecer su sentido más profundo, humano y claro, y también restituirle o darle su lugar en la labor del conocimiento, la crítica y la liberación. A la filosofía “no le importa tan sólo saber cómo son las cosas, sino que las cosas sean, que las cosas lleguen a ser como todavía no son y que por no serlo son falsas e injustas” (Ellacuría, 2001: 117). Esto implica que la filosofía debe ser una herramienta para la cons- tante revisión individual, pero también un arma contra los poderes establecidos de su tiempo. Lejos de falsos idealismos, el análisis filosófico de la realidad, tan importante en el pensamiento ellacuriano, busca establecer pará- metros, nunca cerrados ni dogmáticos, que resulten de utilidad para el momento que se viva y se padezca. Está el ¿cómo? de las cosas, pero también el ¿cómo deben ser las cosas? En cuanto a la aproximación a la verdad y al saber, existe una disyuntiva ante el saber científico y el filosófico que no está superada. La ciencia busca saber el funcionamiento de las cosas, la filosofía su ser y esencia. En ambos casos existen dos planos del saber; el superficial, que sólo muestra las cosas en apariencia, y el profundo, que devela la realidad de las cosas. Esto, para Ellacuría, no es una teoría, es un hecho. No podemos reducir la realidad a su mero funcionamiento, también es importante conocer su razón y sentido. Esta razón y sentido los buscará la filosofía. En el plano superficial las cosas se presentan aparentemente sim- ples, y no logran explicar o representar la realidad. Según Ellacuría: “El filosofar implica una gran necesidad de estar en la realidad y una gran necesidad de saber última y totalmente cómo es esa realidad, más allá de sus apariencias puramente empíricas” (2001:130). La filosofía busca develar y revelar la verdad que se esconde en la profundidad de la realidad. El filósofo parte de la idea de que debe encontrar la realidad en su totalidad y complejidad, sólo así se aproximará a una verdad real. Dicho esto, podemos establecer que el saber tie- ne un carácter dinámico, que busca la totalidad y lo último. La filosofía pregunta ¿por qué? , pero también ¿qué es la realidad? y, precisamente, ¿qué soy yo en esa realidad? Es a partir de estas preguntas donde se alcanza a deslumbrar el carácter histórico y social del ser humano, que le es constitutivo. La pregunta que seguiría a estos planteamientos es ¿para qué? , la búsqueda del sentido. Entonces, filosofía, ¿para qué? El ¿para qué? de la filosofía es establecer su sentido más pro- fundo, humano y claro, y también restituirle o darle su lugar en la labor del conocimiento, la crítica y la liberación. Claro que este sentido no está terminado, está expuesto a interpretaciones y, so- bre todo, es dinámico. En Ellacuría encontramos tres funciones (sentidos), de la filosofía, que son: la desideologización, el cono- cimiento de la realidad y la liberación. Todas ellas resaltan el paso de la filosofía de una función individual a una función colectiva y comunitaria. Todas ellas buscan dar una versión real del mundo, desenmascararlo.
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