Derechos Humanos / Anuario 2015
80 DERECHOS HUMANOS ANUARIO 2015 Desde la visión de Ellacuría, la filosofía sirve como arma de desideologización que cuenta con dos grandes herramientas: la duda y la negación. Ambas son estandarte de la capacidad crítica del filosofar. Ideología y desideologización La ideología es el reflejo y la legitimación de una estructura domi- nante, la cual enmascara la realidad y es oportunista. Se torna más peligrosa al ser importada de otros centros, y establecida acríti- camente como una verdad y una realidad, ya que desemboca en una crisis identitaria que causa la despersonalización, y en una crisis colectiva y social que provoca la deshumanización. La ideología es la “racionalización de subjetivida- des interesadas”. Este enmascaramiento del ser de las cosas o, más bien, esta imposición del ser de las cosas, es lo que Dussel ve como una ontología de la dominación . Como menciona, “es ideológico pen- sar que el sentido de los entes es absoluto, olvidando que es mi mundo el que funda y da sentido a todo lo que me rodea” (Dussel, 2011: 72). Nos dice que la ontología domi- nante establece el ser de los entes y, más bien, dicta cómo son las cosas, pero de manera situada, interesada y, por lo tanto, falsa. La filosofía debe combatir la ideologización, no dejarse reducir a simple ideología ajena, ya que existe la “amenaza de caer en mistificaciones, al convertir lo que es idea del sujeto en realidad objetiva y la realidad objetiva en puro predicado ideal” (Ellacuría, 2001: 127). La filosofía debe ser algo autónomo, libre de toda impo- sición y no sujeta a algún tipo de norma o ideología dominante. Esta ideología dominante ha permeado en todos los ámbitos culturales e institucionales de nuestra sociedad, y es la causa de la existencia y perpetuación de un orden irracional, desigual e injusto. Desde la visión de Ellacuría, la filosofía sirve como arma de desi- deologización que cuenta con dos grandes herramientas: la duda y la negación. Ambas son estandarte de la capacidad crítica del filosofar. El dogmatismo considera a ambas como causantes de la inacción, la falta de organización y el individualismo. Por el contrario, viéndolo bien y a fondo, para Ellacuría la duda y la negación “muestran la autonomía del pensamiento, su capacidad para convertir la determinación en indeterminación, la necesidad de libertad” (ídem). La duda surge de la desconfianza en los sentidos y en cómo perciben la realidad. La desconfianza surge al enfrentarnos a algo ajeno, incomprensible y que provoca una radical incertidumbre. El dudar de todo lo establecido de manera metódica, está enraizado en la labor filosófica. En este caso, según Ellacuría, debemos dudar de lo establecido por la estructura injusta. Poner en duda, críticamente, todo aquello que se toma como verdad o que pretende explicar la realidad. Ante la duda como principio de la filosofía, se proponen o buscan ciertas certezas que jamás son inamovibles, que responden a la realidad y que deben estar en continua revisión. La negación es negar el sistema de dominación injusto. Es, como plantea Enrique Dussel, negación de la negación. Es decir, negar la exterioridad del sistema, su estructura injusta y excluyente, y afirmar- se radicalmente como otro, libre, autónomo, único, distinto. Negar el sistema es negar la muerte, el consumo, el egoísmo, la irracionalidad
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